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A lo largo del camino de la seda

#historia


 

Autores: Anna Książek, Andrea Pucci

Traducción: Ione Andia

 

Al estar en Vientiane, Laos, intentamos contactar con algunas organizaciones que prometían ser interesantes desde el punto de vista de nuestro proyecto. Boby de la granja de seda orgánica Mulberries respondió brevemente: No estoy en Vientiane en este momento, estoy en la granja. ¿Queréis venir? Phonsavan, donde se encuentra la granja, realmente no estaba en nuestra lista de lugares por visitar. Pero no lo pensamos demasiado y al de unos días llamamos a la puerta de Boby. Y definitivamente fue una buena decisión. “Mulberries” ya es casi una leyenda.

La organización empezó en 1976, cuando mi madre, Kommaly Chanthavong, se vio obligada a emigrar junto con muchas otras familias desde el norte de Laos a Vientiane debido a la guerra vietnamita americana. En Vientiane no había campos de arroz y cultivar arroz era una de las pocas cosas que esas personas eran capaces de hacer. La otra era tejer. Por eso reunió un grupo de 10 mujeres que pudieran tejer. Algunas personas que conocía compraron lazos y telas. Comenzaron un grupo de mujeres ya que si trabajas individualmente la gente se puede aprovechar de ti, los intermediarios pueden pagarte menos. Ella decidió reunir tejedoras para que vendieran sus productos a un precio justo. Como grupo, también podrían recibir apoyo del gobierno, podrían comprar alimentos, arroz, azúcar o ropa por un precio más bajo.

La iniciativa tuvo un gran éxito, más y más gente se unió, de otros campos también como el tejido de cestas o el tallado de madera. Pronto pasaron de ser un grupo informal a una cooperativa, tan conocida que en 1990 las visitó el primer ministro. Impresionado por el trabajo de Kommaly, le pidió que volviera a su área familiar para ayudar a los que viven allí, que sufren de una pobreza masiva.

Y volvió. No había nada allí, casi no había casas, ni carreteras. Durante dos años vivió con locales mientras investigaba antes de informar al gobierno de que, lo que la gente allí es todavía capaz de hacer, es criar gusanos de seda y tejer. Ella decidió revivir ambas cosas para crear trabajos para ellos. Pidió que el gobierno le ayudara, le cedieron este terreno durante 30 años. Antes de que empezara a plantar, entre 1993/1994, fue a Tailandia a aprender más sobre la producción de seda. Pasó allí unos meses y después volvió aquí y comenzó a usar las técnicas que había aprendido. Trajo algunas muestras de Mulberries para plantar aquí. La gente en Laos todavía usaba técnicas muy tradicionales, que eran suficientes para vivir, pero no para vender. Mamá intentó usar las técnicas que había aprendido para mejorar la calidad y la cantidad. También comenzó a mejorar la tierra. Se negó a usar productos químicos, aunque lo aprendiera así. Quería mantener todo orgánico. Comenzamos a formar a gente de varias provincias. La gente venía y aprendía de aquí y luego difundía el conocimiento a varias aldeas. Ahora tenemos alrededor de 300 familias que apoyamos directamente y más de 2000 personas que fueron formadas en la granja.

El número de personas apoyadas por Mulberries crece cada año. Todo su trabajo se centra en ayudar a comunidades locales, manteniendo el método tradicional y orgánico de producción de seda y desarrollo agrícola, que también permite contratar directamente a unas pocas decenas de personas. Los siguientes cientos son apoyados en sus aldeas, a quienes Mulberries proporciona gusanos de seda gratuitos, así como herramientas, materiales y conocimiento. Todo este trabajo requiere una pasión infinita y un fuerte liderazgo. Un liderazgo que está pasando lentamente de Kommaly a su hija, quien hace tres años dejó su vida en Australia para volver a Laos y ayudar a la gente local.

Fue difícil. Quería volver y ayudar; cosa que hice por 3 meses en 2009. Pero realmente no tomé la decisión de mudarme hasta 2013, lo estaba postergando hasta el momento oportuno. Y llegó el momento cuando mi tío falleció. Tuvo un derrame cerebral. Fue un toque de atención para mí, con mamá podría pasar así algún día. No lo quiero, pero si pasa, ¿qué será de toda la gente a la que ella apoya? No puedes sentarte en Australia y trabajar desde allí. Tienes que estar aquí para ver y entender cómo funciona todo esto.

Fue una decisión muy difícil. Boby dejó a su propia familia, un trabajo estable y buenas condiciones de vida para volver a Laos y seguir con el trabajo de su madre.

Fue una decisión bastante impactante. Pensé que mi marido diría que no. Estaba rezando para que él cambiara de opinión y me dejara ir, pero finalmente no dijo nada. Antes de venir aquí yo era contable, trabajaba en un banco. Es un gran cambio el de pasar de trabajar con números a trabajar con personas. Con personas es más difícil. Es algo que también debo aprender. Y paciencia es la palabra más importante aquí. Aunque tenga rasgos de Laos, crecí en una cultura diferente. Mi forma de trabajar y pensar es diferente a la de la gente local. No han visto el mundo que nosotros vemos. Pueden pensar que algo está bien para ellos, pero no es así para ti; o al revés. Intentamos encontrar un término medio o tiramos de ellos para que vayan por el camino que nosotros necesitamos. Trabajamos con gente que ni siquiera puede escribir al igual que con médicos, profesores y técnicos.

Llevo en Laos 3 años, pero echo mucho de menos a mis hijas, solo quiero hacer las maletas y volver. Mi hija mayor, Laura, tiene ahora 10 años. La dejé cuando tenía 7. Echaré mucho en falta este tiempo cuando ella crezca. Tengo una hija más pequeña conmigo, pero a finales de este año volverá a Australia para ir al colegio allí. Hemos considerado mudarnos a Laos todos juntos, pero un año antes ya habíamos cambiado a Laura de escuela por lo que no lo queríamos volver a hacer.

Mi marido es en realidad, de esta región, pero no quería volver, ya que le recuerda a la guerra y fue una experiencia muy difícil para él. Fue una zona gravemente bombardeada, en toda la región solo quedaron 6 vacas después de la guerra. Fue una guerra secreta, la mayoría de bombas cayeron aquí, no en Vietnam. Toda la zona norte fue bombardeada. Mi marido escapó y nunca más quiso volver. Toda la gente muriendo delante suyo siendo niño, están todavía en su cabeza.

El área donde se encuentra la granja Mulberries estaba llena de bombas sin estallar, aún peligrosa para la gente. Tuvo que ser limpiada cuidadosamente y hoy ya es seguro. Pero los granjeros de las aldeas cercanas nunca meten la pala muy profunda, siempre trabajan en la superficie, lentamente. Aprendiendo a través de la experiencia, no se fían del terreno. Demasiados familiares murieron o fueron heridos por bombas. No mucha gente en el mundo sabe que Laos es el país más bombardeado per cápita del mundo en la historia. A pesar de la aceptación oficial de la neutralidad de Laos durante la guerra de Vietnam en 1964-1973, EEUU bombardeó Laos continuamente. Se llevaron a cabo más de 580.000 misiones de bombardeo en la RDP Lao, es decir, una misión de bombardeo cada 8 minutos, 24/7, durante 9 años. Alrededor de 50.000 personas murieron o resultaron heridas. Más aún, hasta el 30% de las bombas no pudieron detonar y permanecieron en la tierra después de la guerra, siendo aún peligroso para la gente. Teniendo tales recuerdos, no es de extrañar que evites volver. Pero la necesidad de ayudar a comunidades locales resultó ser más fuerte.

Siempre estuvo en mi cabeza. Quise volver y ayudar a mi gente. Creo que es porque nací en una casa llena de gente, tejiendo en casa, compartiendo la comida cada día, cosechando arroz, comiendo juntos, creciendo. Todas esas personas son como una familia extensa. Está dentro de ti, quieres venir y ayudar, no quieres que esta organización pare. Algún día mi madre se puede retirar y será demasiado tarde. Necesito aprender ahora, cuando todavía pueda trabajar con ella, viajar con ella, entender.

Y hay mucho que aprender. Boby necesitó un año para entender completamente el círculo de producción de una bufanda, en el cual participan 25 personas, considerando cada paso.

Hay varios pasos, empezando por el cultivo de moreras y luego su cosecha. Las moreras no solo nos proveerán de alimento para el cultivo de los gusanos de seda, sino que también de frutas para el tinte y alimentación, corteza para el té, hojas como fertilizante orgánico. Lo siguiente es criar a los gusanos, que es la parte más difícil. Si los gusanos mueren porque contrajeron alguna enfermedad, todo tu duro trabajo se esfuma. Y son muy sensibles a las enfermedades ¡Tienen 9 narices! Tienes que cambiarte de ropa antes de entrar en la habitación donde se crían. Tienes que tener cuidado, debes tratarles como a seres humanos. Necesitan ser alimentados tres veces al día, cada día. Las hojas deben ser recién cortadas. Un folio de gusanos de seda, tamaño A4, tiene alrededor de 20.000 huevos y comen aproximadamente 500-700kg de hojas. Si lo multiplicas, criamos un mínimo de 6-8 folios, a veces 13 folios…es mucho trabajo. Después distribuimos algunos de los gusanos a las aldeas, donde la gente local continúa criándolos. Por lo general, toda la familia está involucrada. Principalmente la madre y el padre, pero los niños un poco también. Cuando los gusanos están listos, los traemos de vuelta aquí para hilar y enrollar, ambos requieren varias acciones. Luego, hay quienes tejen. Y aquellos que hacen flecos u otros elementos especiales por separado. También tenemos locales que cultivan tintes para nosotros. Utilizamos ingredientes naturales: hojas, flores… Podemos crear hasta casi 100 colores.

Finalmente, la bufanda está lista y después de 1-2 meses va a la tienda. Además de bufandas, Mulberries también vende cosméticos y té de producción natural. Sin embargo, el plan es mucho más amplio. En la actualidad, están construyendo una cafetería en la granja, en el futuro quieren crear un centro educacional, un mercado de alimentos orgánicos los fines de semana y excursiones para niños de Laos al igual que escuelas extranjeras.

Producir una bufanda es un proceso tan largo que necesitamos pensar en otras ideas sobre cómo hacer que este lugar sea sostenible. Mi personal decía que quería un estanque de peces. Dije que sí, lo hago por vosotros, pero necesitáis encargaros de ello. Tenéis que cuidar los peces, alimentarlos, aseguraros de que nadie los robe. Luego, vinieron y dijeron: creemos una cafetería. Queremos desarrollar esta zona no solo para extranjeros, sino que también para locales. Podemos hacer un mercado orgánico. Las familias pueden traer a sus hijos para aprender sobre el cultivo orgánico. Necesitamos plantar flores para que puedan sacarles fotos y construir un patio de recreo para niños. Lo hacemos lentamente, paso a paso. Creo que esto ayudará a mantener este lugar, ya que la producción de seda no es suficiente.

Pero esta sigue siendo la prioridad aquí.

El desarrollo orgánico es una forma de apoyar a más y más familias. Podemos vender productos localmente, pero también exportarlos. No veo otro producto como la seda y la artesanía con la que podamos competir. No puedes competir con el cultivo de arroz, es un país demasiado pequeño como para competir con Tailandia o Vietnam. El futuro de Laos es orgánico, porque la tierra está todavía libre de productos químicos en comparación con Tailandia y Vietnam. Todavía no estamos desarrollados con fábricas, no hay muchas. Tailandia y Vietnam producen en masa y no se les puede decir que se vuelvan orgánicos. Pero si nosotros lo hacemos de forma orgánica, es más fácil decirles a los agricultores que lo mantengan así y que trabajen en mejoras. Tenemos un nivel bajo, pero desarrollarnos es más fácil. Para los que ya están arriba es difícil decirles que bajen, que vuelvan a lo orgánico, ya que es mucho más lento y menos eficiente.

Sin embargo, la producción orgánica no es fácil. Es difícil, un trabajo manual que en muchos otros sitios se hace con maquinaria y productos químicos. Al tener la oportunidad de observar y participar en el trabajo de la comunidad local, estamos impresionados por su fuerza y su paciencia, que permiten a los que venimos de lejos disfrutar de bonitos productos hechos a mano. Muchos de nosotros no tenemos ni idea de cuánto trabajo y pasión implica cada artículo hecho a mano. No conocemos las historias de aquellos gracias a los cuales pueden existir sitios como Mulberries. Merece darle algo de tiempo, mirar la etiqueta, seguir la historia. Ya es un pequeño paso para aumentar la conciencia y desde allí no estamos demasiado lejos para crear cambios.

¿Qué les diría a potenciales changemakers? Solo levántate y empieza a hacerlo. No esperes o pienses demasiado en ello. Demasiadas personas están preocupadas sobre si deberían hacerlo. Si decides hacer algo, simplemente levántate e inténtalo. Si cometes errores, aprenderás de ellos. Es parte de la vida. Sigue adelante y comienza a hacer un cambio ahora mismo.



 

Changemaker, Boby Vosinthavong - actual líder de la granja Mulberries, hija de Kommaly Chanthavong, iniciadora del proyecto, nominada al Premio Nobel de la Paz en 2005.



Los gusanos de seda son muy exigentes, deben alimentarse tres veces al día con hojas de morera.


Poniendo capullos de gusanos de seda en agua hirviendo es la forma de desenredar el hilo de seda.


Un trabajador de la granja Mulberries pone capullos de gusanos de seda en agua hirviendo para desenredar el hilo de seda de ellos. Todo en la granja se hace a la antigua. La prioridad es contratar personas y darles la posibilidad de ganarse la vida.



Flores de las que puedes obtener tintes rojos para bufandas. ¡En la finca Mulberries preparan más de 100 colores naturales!



Las bufandas fabricadas en la finca Mulberries requieren muchas horas de trabajo de las mujeres que las tejen con el tradicional telar de madera.


Cada bufanda necesita alrededor de 25 personas involucradas en su confección en diferentes etapas. Los productos de seda se pueden comprar en la granja, en la tienda de Vientiane, capital de Laos, y online.


 

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